
Encontré este artículo en la red; no supone ser mas que algunas respuestas a aquellas preguntas que a menudo tanto homo (y acá involucro toda la comunidad LGBT y demás)- como hetero-sexuales nos hacemos por ignorancia sobre el tema, incluso aún cuando el tema nos toca realmente de cerca, siendo muchas veces eje de nuestras propias vidas.
La razón por la que lo posteo simplemente se refiere a el trato claro, sereno y respetuoso, así como contemplativo que se tiene en cada respuesta. Especialmente me parece certero como se describe a el ¨ARMARIO¨ de una persona, en la pregunta 4.
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¿LA ORIENTACIÓN SEXUAL SE ELIGE?
Es muy común que algunas personas se refieran a la homosexualidad como una “elección” o “preferencia”. Sin embargo, cualquier heterosexual sabe que no eligió serlo: no hubo un momento de la vida en el que, frente a dos caminos posibles, decidió que le gusten las mujeres o los varones. Simplemente, siempre le gustaron. A gays y lesbianas les sucede lo mismo. Lo que pasa es que todos somos educados desde niños para ser heterosexuales y todos los moldes que nos enseñan, en casa o en la escuela, vienen en formato chico + chica. Entonces, lo que sí les pasa a gays y lesbianas es que en algún momento se dan cuenta de que no encajan en esos moldes. No eligen, sino que descubren que son diferentes de como les habían asegurado que serían. A algunos les lleva más tiempo, porque los prejuicios que rodean la homosexualidad hacen que sea difícil aceptarla. Pero lo que al final sí tienen que decidir es qué hacer con lo que son, si lo esconden o lo dicen, si lo viven con libertad o no. No se elige ser gay o lesbiana, del mismo modo que no se elige ser heterosexual. Pero como los heterosexuales no son discriminados por serlo, no necesitan pasar por un proceso de aceptación de su orientación sexual. Simplemente, siguen adelante sin siquiera darse cuenta.
¿HAY NIÑOS GAYS?
Cuando un chico que está en quinto grado llega a casa y cuenta que tiene novia, es probable que lo feliciten. Algunos tienen novia ya en el jardín de infantes. Claro que “tener novia” a esa edad no significa lo mismo que “tener novia” a los quince o a los treinta. La sexualidad está presente desde siempre en nuestras vidas, pero va atravesando distintas etapas en su maduración. Las investigaciones sobre la orientación sexual en general coinciden en que ésta ya está definida cerca de los cinco años de edad. Frecuentemente, luego de haber descubierto su sexualidad, las personas homosexuales comienzan a recordar experiencias de su infancia que lo confirman. Empiezan a darse cuenta de cómo les gustaba ese chico de la primaria y entienden por qué se pusieron celosos cuando su amigo de la secundaria se puso de novio, o por qué les interesaban tan poco las mujeres cuando todos sus amigos no hablaban de otra cosa. Al mandar la homosexualidad al horario de protección al menor, nuestra sociedad condena a los niños, niñas y adolescentes gays y lesbianas a saltearse una etapa de sus vidas y los priva de experiencias que los demás chicos viven naturalmente durante su crecimiento.
A LOS GAYS, ¿SE LES NOTA?
Si bien existen estereotipos sobre el gay “afeminado” y la lesbiana “machona”, la mayoría de las personas homosexuales no se parecen a esos estereotipos. Mientras que la idea que los heterosexuales tienen sobre los gays es que son todos “amanerados”, cualquier página de contactos gay en internet está llena de perfiles que dicen que buscan hombres “masculinos”. Y también hay hombres “afeminados” o mujeres “machonas” que son heterosexuales. En realidad, lo único que las personas homosexuales tienen en común es que les gustan los de su mismo sexo. En todo lo demás (su apariencia, su manera de vestir, sus preferencias, sus gustos, su manera de pensar, etc.), los gays son tan diversos como los heterosexuales.
¿QUÉ ES EL ARMARIO?
Estar en el armario es tener que esconderles a los demás la propia orientación sexual. Para entender lo que es el armario, una persona heterosexual podría intentar cumplir el siguiente ejercicio: durante 24 horas, no hacer ni decir nada, en ningún lugar y frente a ninguna persona, que pueda revelar que es heterosexual. Para ello, no podría hacer cosas tan simples como encontrarse en público con su pareja y, si lo hace, debería comportarse de modo tal que nadie se dé cuenta de su relación. No podría responder preguntas tan habituales como qué hizo el sábado a la noche o si está saliendo con alguien. Si lo invitan a una cena, tendría que ir solo/a y pedirle perdón a él/ella, porque no lo/a puede llevar. Y así, infinidad de situaciones. Las personas homosexuales que están en el armario hacen eso los 365 días del año. Por otra parte, nunca se termina de salir del armario. Cuando ya todo el mundo lo sabe, sucede una mudanza de barrio, un cambio de trabajo, un curso, nuevas amistades… y, otra vez, todos esos nuevos conocidos presuponen la heterosexualidad de quien no aclare lo contrario. El armario, o la necesidad de decirlo o no decirlo, reaparece una y otra vez.
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