Ciencia, deseo y hegemonía; aceptación y el respeto por la multiplicidad y la diferencia

Revisando el revistero de casa encontré un ejemplar de La Nación Revista (Arg.) de abril pasado; volví a releerlo buscando algo distinto esta vez, recordaba como me había llamado gratamente la atención la edición ya que trata sobre ¨Las mujeres y el sexo¨ y ¨Qué tanto sabe la ciencia sobre el placer y el deseo femenino?¨; Así fue que esta vez tampoco me resultó ajeno cuando su autora (María Eugenia Ludueña) cita textos de académicos y estudiosos de su país y del mundo tanto actuales como de todos los tiempos y dedica mas de un pasaje a la diversidad sexual, adjudicándole a la comunidad LGBT si se quiere, un espacio entre las minorías (considerando su poder de voz y voto actual en la sociedad) y además vinculando ello con la clara e histórica hegemonía en la que se para tanto el generó masculino, como la visión machista de parte de la sociedad entera hacia la sexualidad (ni hablar de la homosexualidad, donde parece agudizarse!). Les comparto un tramo y hablamos luego:

¨Desconfío de las conclusiones cientificistas respecto de la constitución anatómica y fisiológica de la mujer, de los homosexuales y otras minorías. Los géneros son una construcción social y no una determinación biológica. Nacemos con órganos que nos diferencian, pero son la practicas sociales y la configuración psicológica las que constituyen el genero, que siempre surge de complejas relaciones entre los roles que la sociedad atribuye a cada uno.

El deseo no tiene objeto, simplemente desea (¨no se lo que quiero, pero lo quiero ya¨). Pero la interacción con los otros y la incidencia del imaginario social, van construyendo representaciones del deseo: creo desear un cuerpo especifico, cierto tipo de comida, un viaje determinado. Esas representaciones cambian epocalmente y son distintas en cada subjetividad.

Es obvio que la ciencia aspire a tener un mapa deseante, ya que aspira a encontrar regularidades, incluso en los deseos. De ese modo la ciencia beneficia al poder puesto que lo previsible es manejable. Por el contrario considero que mas auspicioso que un mapa ¨igualador¨ seria la aceptación y el respeto por la multiplicidad y la diferencia, no solo entre las distintas identidades sexuales, sino también entre las individualidades y los cambios que se producen en cada uno de nosotros en distintos momentos de nuestra imprevisible existencia…¨

Autor: Esther Diaz; Doctora en filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras, UBA.

(Fuente Directa: La Nación Revista. 26 abril 2009)

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