
(Fuente Directa: ambienteg.com Vía I Advocate.com)
Hace 22 años entró en vigor una ley en Estados Unidos que prohibía la entrada, incluso en calidad de turista, a cualquier infectado de SIDA. El pánico por la escalada de infecciones, hizo que el país recurriera a la a todas luces estúpida medida de cerrar las puertas a un virus que ya estaba dentro. En situaciones de pánico se toman decisiones necias que acaban por perjudicar, más que beneficiar, a las víctimas.
Desde ayer lunes, finalmente, esta ley claramente discriminatoria, ha dejado de existir, con lo que ser seropositivo ya no podrá ser argumento para ‘devolver a casa’ a nadie que quiera cruzar el porche del rancho del Tío Sam.
Aunque esta medida ha sido finalmente aprobada bajo la administración Obama, hay que decir en justicia que el anterior inquilino del Despacho Oval, George W. Bush, quién lo diría, ya quiso derogarla, pero el fin de su administración llegó antes de que dicha derogación concluyera.
Lo que no queda tan claro es si, en la solicitud de la residencia permanente, el Departamento de Inmigración seguirá exigiendo a los solicitantes someterse a la prueba de SIDA como se ha venido haciendo desde entonces. Cuando ocasionalmente el aplicante resultó ser seropositivo, la solicitud de residencia fue automáticamente denegada por el Gobierno. Otra vergonzante medida discriminatoria.
En Estados Unidos, tu hijo, tu padre, tu esposo o esposa, tu hermano o incluso una empresa puede solicitar tu residencia permanente y puedes conseguirla de esa forma. Por tí mismo puedes solicitarla y se te concederá si se demuestra que en tu país de origen eres perseguido por motivos raciales, o religiosos o políticos o si debido a tu orientación sexual, tu vida corre peligro. Sin embargo, si siendo gay es tu chico, o tu chica en el caso de que seas lesbiana, quien solicita al Gobierno que le permita que te quedes con él o ella, de por vida, el Gobierno deniega. Esta es la medida más discriminatoria y deshumanizada de todas.
Positivamente, nunca mejor dicho, hay que dar la bienvenida al punto final a una ley nefasta. Siendo racionales, sin embargo, me pregunto qué evita que la cobardía política deje de hacernos sentir un poquito menos discriminados, para acabar de abrir de una vez por todas el grifo del fin de toda humillación… Creo que acabo de decirlo, lo evita justamente su cobardía.